Comparto una reflexión técnica sobre el debate del IVA en la vivienda y sus efectos reales. Existe un error relevante en suponer que una rebaja o eliminación del IVA se traducirá directamente en una baja del precio de las viviendas. En la práctica, los precios se determinan principalmente por la oferta y la demanda, no por el costo de construcción. Por lo mismo, una reducción del IVA tiende a mejorar el margen del desarrollador inmobiliario, pero no obliga a disminuir los valores de venta. Un segundo efecto ya observable es el impacto de las expectativas. El solo anuncio de una eventual medida ha generado una postergación de decisiones de compra, con caídas en las ventas que algunos estiman cercanas o superiores al 40%, debido a compradores que esperan una eventual baja futura de precios. Sin embargo, se produce una tercera consecuencia: si la medida se concreta, la demanda acumulada podría aumentar fuertemente. En un mercado con oferta restringida, esto puede presionar los precios al alza, generando el efecto contrario al buscado. A lo anterior se suma un punto poco abordado: la rebaja del IVA implica una disminución directa de la recaudación fiscal, lo que tensiona aún más la disponibilidad de recursos públicos, en un contexto donde precisamente se demanda mayor inversión estatal. Si el objetivo es mejorar el acceso a la vivienda, existen herramientas más efectivas. Entre ellas, el subsidio a la tasa hipotecaria destaca por su impacto inmediato en la capacidad de pago de las familias. Asimismo, avanzar en medidas que aumenten la oferta —como mayor disponibilidad de suelo, reducción de tiempos de tramitación y estabilidad regulatoria— es clave para incidir de manera estructural en los precios. En síntesis, más que medidas tributarias generales, el desafío está en diseñar políticas que equilibren acceso, oferta y sostenibilidad fiscal.
domingo, 29 de marzo de 2026
jueves, 11 de diciembre de 2025
Cuando el éxito amenaza al propio éxito: vacunas, normas constructivas, protección ambiental y resguardo patrimonial
Una lógica similar está comenzando a observarse en el ámbito del desarrollo urbano y la construcción en Chile.
Nuestro país cuenta con normas técnicas altamente especializadas: normas sísmicas de referencia internacional, estándares constructivos estrictos, regulaciones ambientales avanzadas y criterios de protección del patrimonio histórico que han permitido resguardar la identidad urbana, la memoria colectiva y la calidad de vida.
Este entramado regulatorio ha sido, por décadas, uno de los principales factores que explican la solidez estructural del territorio, la resiliencia frente a desastres naturales, el control ambiental en zonas urbanas sensibles y la preservación de bienes patrimoniales que son parte esencial de nuestra historia.
No obstante, el éxito sostenido de estas políticas ha generado un fenómeno preocupante: algunos sectores comienzan a relativizar su importancia, atribuyendo la calidad constructiva exclusivamente a la ética del gremio o a la “madurez” del mercado, y cuestionando la necesidad de mantener exigencias técnicas, ambientales y patrimoniales que –se sostiene erróneamente– “limitan” el desarrollo.
Esa lectura omite un punto fundamental:
el desarrollo urbano de alto estándar no surge de manera espontánea ni es un resultado natural del mercado; es una consecuencia directa de sistemas normativos sólidos, fiscalización efectiva y políticas públicas sostenidas en el tiempo.
De la misma manera que suspender los programas de vacunación conduciría al retorno de enfermedades ya controladas, debilitar el marco regulatorio urbano, ambiental y patrimonial pondría en riesgo décadas de avances en seguridad, sostenibilidad y calidad de vida.
Las normas constructivas, la evaluación ambiental y la protección del patrimonio no son trabas burocráticas, sino instrumentos técnicos esenciales que han permitido que Chile enfrente terremotos sin desastres mayores, que ciudades frágiles convivan con ecosistemas sensibles y que lugares con valor histórico sigan formando parte de nuestra identidad urbana.
Hoy, este sistema es exitoso. Y precisamente por ser exitoso, corre el riesgo de ser subvalorado.
Reconocer esta paradoja es fundamental para entender que el desarrollo responsable no consiste en renunciar a las normas, sino en perfeccionarlas continuamente, fortalecer su aplicación y asegurar que sigan siendo una garantía para las futuras generaciones.
Juan Arcaya Puente
Director DOM ARICA
sábado, 13 de septiembre de 2025
El Plan de Emergencia Habitacional y el rol cada vez menos silencioso de la DOM
En los últimos años, el Plan de Emergencia Habitacional ha marcado la pauta en la política pública de vivienda en Chile. Más allá de ser una meta numérica de unidades por entregar, este plan encarna un esfuerzo coordinado que revela la complejidad del ciclo de vida de un proyecto inmobiliario, especialmente en el marco del DS49, destinado a vivienda social.
Un proyecto de esta naturaleza no surge de manera espontánea. Se inicia con la demanda organizada, familias que, tras años de espera y organización comunitaria, logran abrir camino hacia la concreción de su “derecho” a la vivienda. Luego interviene el Ministerio de Bienes Nacionales, que entrega un terreno —un pedazo de Chile— a la noble misión de atender la carencia habitacional. Posteriormente, a través del presupuesto del MINVU como principal esponsor, sumado al aporte del Gobierno Regional, se orienta, financia y empuja el proceso. Se suman las Entidades Patrocinantes y las constructoras, que transforman los subsidios en obras materiales, levantando barrios donde antes había solo terreno.
En este engranaje complejo, la municipalidad y su Dirección de Obras Municipales (DOM) también tienen un papel central. Somos parte de la maquinaria y, como tal, hacemos ruido; pero ese ruido no es accesorio, es el sonido de una máquina que no debe parar: revisar, inspeccionar, corregir y resolver para garantizar que cada obra cumpla con las normas urbanísticas y de edificación antes de ser entregada. No buscamos aplausos —no los necesitamos—, pero sin este eslabón técnico, la cadena se rompería.
El resultado de este engranaje coordinado se aprecia en hechos concretos: más de 650 familias celebran hoy las Fiestas Patrias en su nueva vivienda, no porque se alinearon los astros, sino porque se alinearon profesionales y técnicos. Arquitectos, ingenieros, constructores, funcionarios públicos y equipos municipales que, en conjunto, hicieron posible terminar obras, subsanar observaciones, aprobar normativas y entregar las llaves a quienes por tanto tiempo lo esperaron.
La experiencia demuestra que la vivienda social no es solo un producto físico. Es el desenlace de un proceso donde la política pública, la gestión técnica y la responsabilidad social se entrelazan. En tiempos donde la urgencia habitacional sigue siendo uno de los mayores desafíos del país, el Plan de Emergencia Habitacional no solo entrega casas: restaura dignidad, teje comunidad y fortalece la confianza en las instituciones.
sábado, 3 de mayo de 2025
📊 Reflexiones regionales a partir del Censo 2024 en Arica y Parinacota.
LA SINFÓNICA DIRECCION DE OBRAS DE ARICA
¿Sabías que en una orquesta los músicos pueden llegar a sincronizar sus latidos del corazón y hasta su respiración?




